Empecé organizando envíos de currículum y terminé creando un sistema para gestionar casi cualquier contacto

Profesional utilizando un sistema de gestión de contactos conectado con correos, documentos y seguimientos

Todo empezó con una necesidad concreta: organizar mejor el envío de currículums. Tenía academias, correos anteriores, varias versiones del CV y contactos que quería retomar. La información existía, pero estaba repartida entre Notion, Gmail, Google Drive y mi memoria.

Solo quería saber a quién había escrito, qué documento había enviado y cuándo convenía volver a contactar. Al ordenar el proceso descubrí que el problema era más amplio.

Así nació un sistema de gestión de contactos con Notion y ChatGPT que comenzó sirviendo para candidaturas laborales y terminó convirtiéndose en una solución multipropósito. Lo interesante no es tanto la tecnología utilizada como el camino que seguí para llegar hasta ella.

El problema no era enviar el currículum

Enviar un correo con un CV es sencillo. Lo difícil aparece después. ¿He escrito antes a esta empresa? ¿Qué dirección utilicé? ¿Me respondieron? ¿El currículum adjunto era el último? ¿Quedé en volver a contactar dentro de una semana?

Con tres o cuatro candidaturas podemos confiar en la memoria. Cuando la lista crece, aparecen contactos duplicados, correos repetidos, seguimientos olvidados y documentos desactualizados. Gmail conserva los mensajes, pero no muestra con claridad el proceso completo.

Yo ya tenía información guardada en Notion, pero estaba pensada principalmente como un directorio. Sabía quién era cada entidad y cómo contactar con ella. Lo que faltaba era registrar lo que iba ocurriendo. Una agenda me decía quién estaba ahí, pero no contaba la historia de la relación.

La primera solución: separar los contactos de las gestiones

La mejora decisiva fue muy sencilla: separar los contactos de las acciones. Por un lado, un directorio con los datos relativamente estables de cada persona o entidad. Por otro, un historial de gestiones relacionado con esos contactos.

En el directorio guardo quién es cada contacto y cómo localizarlo. En las gestiones anoto correos, llamadas, reuniones, respuestas e incidencias. Un contacto puede tener muchas gestiones sin repetir sus datos.

Es una estructura parecida a combinar una agenda con un cuaderno de seguimiento. La agenda responde a «quién es» y el cuaderno responde a «qué ha pasado». Al relacionarlos, puedo abrir cualquier contacto y entender en pocos segundos dónde está la conversación y cuál debería ser el siguiente paso.

La idea es sencilla: separar quién es el contacto de lo que hacemos con él.

Lo que aprendí al utilizarlo en situaciones reales

El sistema mejoró al enfrentarse a casos reales. Preparé borradores, localicé el CV vigente, revisé conversaciones y registré envíos. También aparecieron errores que ayudaron a mejorar el procedimiento.

En una de las pruebas utilicé una dirección de correo incorrecta. El mensaje fue devuelto porque la cuenta no existía. Aquello confirmó algo importante: redactar, enviar y comprobar son tres momentos diferentes. Un correo preparado no está enviado, y un correo que aparece en la carpeta de enviados puede terminar rebotando.

Por eso el flujo terminó incorporando varios estados. Una gestión puede estar pendiente, preparada, realizada, respondida o cerrada. Si hay una devolución, se registra la incidencia y se mantiene pendiente hasta conseguir una dirección válida. El error no se borra: se convierte en información que evita repetirlo.

También comprobé que cambiar un documento exige revisar el mensaje que lo acompaña. Automatizar no significa dejar de revisar.

De las candidaturas a un sistema multipropósito

El siguiente paso surgió casi solo. Si el sistema distingue entre contactos, actuaciones, resultados y próximos pasos, ¿por qué limitarlo al envío de currículums?

Una empresa puede ser un contacto y cada llamada, propuesta o reunión, una gestión. El mismo modelo sirve para un proveedor, un cliente con entregas pendientes, un alumno o una posible colaboración.

Cambian los nombres de algunas acciones, pero el patrón es el mismo: existe una persona o entidad, ocurre algo, obtenemos un resultado y decidimos qué hacer después. Esa última parte es fundamental. Un listado de contactos solo almacena información; un sistema de seguimiento ayuda a trabajar.

El resultado es un pequeño gestor adaptable a distintos ámbitos que parte de una necesidad concreta y puede crecer poco a poco.

La tecnología importa menos que el flujo de trabajo

Notion guarda la información; Gmail, las conversaciones; y Drive, los documentos. ChatGPT ayuda a revisar el historial, preparar mensajes y registrar lo ocurrido.

Pero ninguna de estas herramientas resuelve el problema por separado. La utilidad aparece cuando todas siguen un flujo claro: buscar primero el contacto, revisar lo que ya se ha hecho, preparar la nueva actuación, ejecutarla cuando corresponda, comprobar el resultado y dejar anotado el siguiente paso.

Además, he creado una instrucción reutilizable para que ChatGPT siga siempre ese procedimiento. Aun así, la inteligencia artificial no decide por mí cuándo enviar un mensaje ni da por hecho que una acción se ha completado. Prepara, consulta y documenta, pero las decisiones y autorizaciones importantes siguen siendo mías.

No buscaba un archivo aislado, sino un procedimiento que pudiera mantenerse y reutilizarse.

Una solución pequeña puede cambiar la forma de trabajar

Muchas pymes y profesionales trabajan con hojas de cálculo, correo, carpetas y notas sueltas. Cada herramienta contiene una parte de la realidad, pero ninguna reúne la historia completa.

El problema no siempre se percibe como algo grave. Se manifiesta en pequeñas pérdidas de tiempo: buscar un correo antiguo, preguntar quién llamó a un cliente, comprobar qué presupuesto se mandó o descubrir demasiado tarde que nadie hizo el seguimiento. Sumadas durante meses, esas fricciones cuestan horas y oportunidades.

Digitalizar no tiene por qué significar implantar un programa enorme. A veces basta con responder cuatro preguntas: ¿dónde están los datos fiables?, ¿dónde registramos cada actuación?, ¿cómo sabemos qué toca hacer después? y ¿cómo comprobamos que realmente se ha hecho?

Una buena herramienta pierde gran parte de su valor si no forma parte de un flujo comprensible. Primero hay que entender el problema; después se eligen las piezas.

¿Necesitas implantar un sistema parecido?

Este proyecto nació para resolver una necesidad personal, pero el resultado es aplicable a muchos negocios. Una pequeña empresa puede utilizar el mismo enfoque para organizar clientes y presupuestos. Una academia puede registrar contactos, matrículas e incidencias. Un profesional puede controlar propuestas, colaboraciones y tareas de seguimiento.

Muchas veces basta con adaptar bien las herramientas que la empresa ya utiliza y añadir inteligencia artificial solo donde aporte una mejora concreta.

Si en tu empresa la información está repartida entre correos, hojas de cálculo, documentos y notas, puedo ayudarte a analizar el proceso y convertirlo en un sistema más claro, trazable y fácil de mantener. No se trata de imponer tecnología, sino de quitar pasos innecesarios, reducir errores y conseguir que la información sirva para tomar decisiones.

Puedes contarme tu caso desde mi página de servicios. Partiremos del problema cotidiano y veremos qué solución tiene sentido implantar.

¿Tu empresa podría trabajar mejor con la tecnología que ya tiene? A veces un par de horas marcan la diferencia. Cuéntame tu caso y vemos qué se puede hacer.

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